
Viento
No sé si os pasa como a mi, pero mantener la mente calmada en un día de viento es verdaderamente difícil. No me extraña para nada que haya más suicidios en ciudades con mucho viento.
Y es que cuando hace viento, es como si ese ruido mental que tenemos constantemente en la cabeza se hiciera más rápido e insaciable. A demás es cómo si el volumen de los pensamientos se incrementara, como si tuvieran que chillar para hacerse oír por encima del ruido exterior del viento.
El otro día paseando en una ventisca no fui consciente de lo mucho que gritaban los pensamiento en mi cabeza hasta que de repente conseguí encontrar un refugio de ese viento y se hizo silencio a mi alrededor. Fue como cuando en un sitio con la música muy alta le hablas a un amigo gritándole para que pueda oirte y de repente la música se para y tu sigues gritando en el silencio.
Pero gracias a esa pausa en ese ruido exterior y a la observación de esa actividad mental tan ruidosa, pude respirar, pausar, tomar conciencia de lo que estaba pasando, bajar el volumen de mis pensamientos y ralentizarlos. Luego, al volver a adentrarme en la ventisca, me aferré a esa sensación de calma interior y fue una experiencia increíble. Era como si estuviese en control de mi tiempo, de mi espacio y de mi presencia.
Tengo ganas de repetir la próxima vez que haya un día de viento igual de fuerte como práctica para cuando haya una situación turbulenta en mi vida, donde a pesar del ruido y movimiento exterior yo pueda mantenerme centrada y en calma.



