
Zona de confort
Una zona de confort as una de las cosas más peligrosas a las que me he enfrentado en mi vida.
Incluso ahora que vivo prácticamente en un sitio diferente cada día sigo siendo arrastrada por ese ‘síndrome de la zona de confort’ de vez en cuando. Ya sea porque he pasado unos días con gente de la que me hecho amiga o porque me he quedado un tiempo en un mismo sitio en el que me sentía cómoda. Me atrapa y no me doy ni cuenta.
Lo bueno de vivir en la carretera, sin embargo, es que más bien pronto que tarde he de romper con esa zona de confort y continuar mi ruta. Es gracias a este constante entrar y salir de estas zonas de confort que he podido entender cómo de rápido se forman, como de poderosa es la fuerza con la que nos atrapa y como de jodidamente difícil es darte cuenta de que estás metido de lleno en una.
Después de diez días (que es el máximo que he estado en un mismo lugar otro que la casa de mis padres desde que me mudé a mi furgoneta), el sitio empieza a ser familiar, cómodo, predecible, seguro. Conozco los paseos, la gente, sé dónde encontrar agua, las tiendas donde comprar comida. Se está bien aquí. Marcharme empieza a sentirse como algo… incómodo, agotador, ilógico, incluso arriesgado ‘¿Y si no encuentro otro lugar como este?’… ‘¡Estoy tan bien aquí!’…. Pero dentro de mi sé que este no es verdaderamente mi sitio, no pertenezco a este lugar. Quizás algún día encuentre mi sitio y entonces me quedaré, pero este es sólo…… cómodo. Así que llega el día en que no puedo ignorar más esa voz interna y decido ponerme en marcha.
En el segundo en el que empiezo a conducir me encuentro mucho mejor, más ligera, capaz, poderosa, fuerte. ‘¡Yo puedo hacer esto!’ Es entonces cuando me doy cuenta de que en un periodo de tiempo tan corto me había olvidado de que era capaz de adaptarme, de crecer, de explorar, de estar sola otra vez, de enfrentarme a lo impredecible, de aprender y crear según voy yendo, de vivir sin tener todo bajo control, de experimentar sin miedo.
Espero poder tener siempre la fuerza para hacer caso a esa voz interna que me alerta cuando no estoy donde debería estar y las agallas para cambiarlo.
¿Y tú? ¿Estás en una zona de confort?



