
¿Me quieres? ¿cómo?
Hace unos cuantos años estaba haciendo un trabajo energético a un conejo cuando de repente sentí que lo que realmente él necesitaba y lo único que yo podía hacer por él en ese momento, era mandarle amor.
Me senté en silencio, puse mi atención y energía en el conejo y empecé a emanar amor hacia él.
Según estaba haciendo esto, ‘oí’ un mensaje silencioso en mi cabeza del conejo que decía ‘así no por favor’. Paré inmediatamente y pregunté que qué era lo que quería decir. Percibí que el amor que yo estaba emanando, el único amor que yo conocía hasta ese momento, el amor que yo siempre sentía hacia otras personas, familia, amigos, parejas… ese amor era demasiado pesado para el conejo. Estando enfermo y muy débil no podía manejar una energía tan densa como aquella. Él necesitaba amor simplemente, mucho más ligero, limpio… una versión más pura de amor.
Me pareció percibir que el amor que percibimos los humanos, el que usamos, el que enviamos a nuestros seres queridos no es nunca sólo amor. Siempre va acompañado de otros sentimientos que, de manera inconsciente, adjuntamos también. Sentimientos como la necesidad de que nos quieran de vuelta, un ‘yo voy a cuidar de ti (te guste o no)’, un ‘por favor cuida de mi a cambio’, un ‘yo te protegeré (tanto si lo quieres como si no), ‘por favor estate ahí para mí’, ‘quiero que me valores’, ‘quédate conmigo’, ‘the necesito’, ‘me necesitas’, ‘escógeme’, pasión y a veces deseo sexual.
Una vez que vi esto, me concentré y antes de mandar el sentimiento al conejo me aseguré de que eliminaba todos lo adicional innecesario. Así pues, intenté sentir ‘amor’ en mi primero listo para ser enviado; lo visualizaba como un cordón gordo dorado que estaba a punto de salir de mi chakra del corazón; pero luego empecé a pelarlo de otros sentimientos. Quité la necesidad de que el conejo me amara a cambio, quité la necesidad de que mi amor fuese apreciado y agradecido, quité la necesidad de recibir algo a cambio e incluso eliminé la necesidad de que mi amor fuera percibido, útil y sanador para el conejo.
Así que para cuando terminé con la tría todo lo que quedaba era un cordel muy finito de un color más bien azulado, tan fino que apenas podía percibirlo. Era muy ligero y de casi ninguna densidad. De hecho, según estaba enviándoselo al conejo pensaba que era casi imposible que recibiera eso porque no había quedado nada, apenas podía sentirlo yo salir de mi cuerpo. En comparación con lo anterior, apenas había quedado algo que sentir.
Sin embargo, continué enviando esta sensación de ‘casi como aire’ durante un rato igualmente. Y entonces… entonces me alcanzó. Según estaba enviando esto empecé a recibirlo yo también. El conejo, tan débil como estaba, me estaba mandando ese mismo amor a mí. Entonces me dí cuenta de que, aunque ligero y sin pasión, ese amor era más poderoso que ningún otro sentimiento o sensación que había percibido nunca. Era puro amor, pura energía, sin otra intención añadida, estaba ahí simplemente para mi si quería cogerlo.
Desde entonces intento usar este tipo de amor y no otro con quien quiera que interacciono ya sea anima, humano o vegetal. Lleva tiempo romper viejas costumbres y malos hábitos pero es cuestion de poner conciencia y práctica.
A veces, sólo porque sí, simplemente me siento frente a una planta y le envío este tipo de amor. Es una sensación fascinante. Te invito a que pruebes a hacer lo mismo alguna vez.
Etiqueta:amor, amor animal




2 Comentarios
Me parece fascinante poder conectar con ese amor incondicional que ellos dan. Y el privilegio que tenemos muchos de poder conectar. Tú sabiduría y amor hacia ellos, hace que nos ayudes a saber conectar. Es un auténtico privilegio.
Muchísimas gracias Gemma por tu apreciación. Me alegro mucho de que te haya servido esta meditación. Gracias por comentar.