
Radio humana
Hablando con una amiga sobre los ruidos vibracionales de las mentes humanas y cómo estos pueden afectar a la fauna salvaje, me recordó una experiencia que tuve en una parte de francia en la que viví un tiempo. .
Vivía en el campo a las afueras de un pequeñísimo pueblo cerca de la frontera con Suiza. Al lado de mi casa había un bosque no excesivamente grande, pero muy salvaje y de una flora muy diversa. Me sentía verdaderamente bien paseando por ese bosque. Estaba lleno de vida y de fauna y de miles de plantas diferentes. Muy poca gente se adentraba en el.
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Había madrigueras de tejones y de zorro, vi martas, una comadreja, pitos negros y reales, ardillas y un montón de otros animales. Durante esos paseos conseguía desconectar del ruido mental de los humanos (principalmente el mio) y conectarme con la calmante vibración de la naturaleza en la que me encontraba. Era como flotar en la superficie del agua y dejarse llevar. Calma, paz, silencio pero con miles de sonidos fascinantes a mi alrededor. Era muy consciente de la presencia de todo lo que me rodeaba. .
En uno de estos paseos donde estaba particularmente entregada al bosque y su serenidad, de repente noté un cambio en su energía que a su vez afectó a la mía. Era como si súbitamente hubiese una cierta inestabilidad y volviese algo de ruido vibratorio. Entonces, aunque era la primera vez en mi vida que experimentaba algo similar, comprendí; había entrado un humano en el bosque. Estaba verdaderamente convencida, pero aún así para corroborar mi sensación fui a la búsqueda intencionada del humano. Y lo encontré. .
Fueron muchas otras las veces en que me ocurrió esto, aunque ya dejé de buscar al causante y directamente intentaba caminar en sentido contrario al que pensaba que podía estar esa persona.
Los humanos emanamos constantemente información en forma de vibraciones. Nuestros pensamientos, nuestras emociones… son emanadas en forma de esa vibración. Nuestra energía se dispersa en miles de sitios a la vez y se convierte en inestable. Casi nunca estamos centrados en el sitio en el que estamos, poniendo nuestra energía exclusivamente en la acción que estamos llevando a cabo. Somos como una radio que está emitiendo a diestro y siniestro constantemente. El efecto que esto tiene en el espacio que nos rodea y los habitantes que lo ocupan es incalculable.



