Mil gracias
Hace poco más de un año, mi gatito Almirante Nelson volvió a casa y enseguida notamos que algo no iba bien. Apenas podía moverse, respiraba con dificultad, no nos dejaba ni rozarle, cuando siempre le ha encantado que le sobemos a 4 manos y ser el centro de atención. En ese momento empezaron unos meses horribles, de veterinario en veterinario, de pruebas en pruebas y de medicamentos en medicamentos. Lo que nos dijeron es que parecía que se había dado un golpe muy fuerte, seguramente de alguna caída, y se había fracturado la columna vertebral. Nos ofrecieron someterle a una operación, sin garantías de que se pudiera curar o sobrevivir a la misma, y la otra opción era sacrificarle para que dejase de sufrir. Fueron meses horribles y cuando su dolor ya era insoportable, intentamos hacernos a la idea de perderle.
En mi desesperación, una amiga me recomendó a Laura, quién ya había curado a una de sus gatitas con anterioridad. Yo, escéptica, pensé «¿qué tengo que perder?» y la llamé. Ojalá lo hubiese hecho antes. Laura se conectó con Nelson a través de una foto que le mandé (y se cómo suena esto, conforme lo escribo, me resulta surrealista), yo no se que pasó, pero a la semana mi gatito estaba mejor, y al mes había vuelto a ser el mismo.
Creí que tenía que sacrificar a mi gatito y Laura me lo devolvió a la vida. Que más puedo decir, solo tengo agradecimiento hacia ella y hacia lo que hace.



