
La desconexión puede llevar a la locura
El COVID 19 me encontró en un camping de Vigo, Galicia donde llevaba ya un mes cuando cerraron las puertas por el confinamiento. Durante ese mes, mi perra Sue y yo nos paseamos todos los días por la avenida de la playa Samil donde hay muchos árboles que la convierten en una playa verdaderamente bella. Nosotras estamos acostumbradas a vivir y pasear en el campo, en la naturaleza; para ambas ha sido un reto permanecer en la ciudad tanto tiempo, pero ahí, bajo esos árboles parecíamos encontrar nuestro refugio.
Teniendo cierta sensibilidad hacia las energías de los espacios y los seres que los habitan, estar en una ciudad con mucha gente y ruido se puede convertir en algo verdaderamente perturbador. Un día, en uno de nuestros paseos, algo alterada por la abrumadora sensación de este ruido energético, vi cómo uno de los árboles de la avenida tenía en su base un buen montón de setas silvestres. Sonreí ante la idea de que en medio de tanta civilización un ser pudiera mantenerse tan conectado a la naturaleza. Al poner mi atención sobre el árbol, mi energía se conectó directamente con la de este e inmediatamente pude sentir el árbol, su silencio y estabilidad. Le pregunté que cómo hacía para mantenerse tan silencioso y desconectarse de la inestabilidad que generaba la energía del tumulto humano. Me contestó que recogía su energía y la metía como hacia dentro para poder precisamente mantenerse lo más ‘en sí’ posible y menos ‘en los humanos’ y ¡lo llevaba muy bien! Según parece es una práctica que hacen muchos seres vivos (no humanos) en la ciudad. A partir de ese día yo probé a hacer lo mismo y la verdad es que le estoy muy agradecida a ese árbol porque me ha ayudado mucho a mantenerme cuerda y centrada en la ciudad durante tanto tiempo.
Durante el confinamiento, ya en Marzo, una vez que salí del camping para tirar la basura (eso y a hacer la compra son los únicos momentos en los que salgo del camping) todos los árboles de la avenida me asaltaron a preguntas sobre lo que estaba pasando. Estaban muy preocupados por nosotros los humanos. Me preguntaron si podían ayudar de alguna manera. Siempre me ha sorprendido la benevolencia de todas las criaturas muestran con el ser humano a pesar de nuestros múltiples crímenes contra ellos… Pero me dijeron que el ser humano es parte de su ecosistema y parte de su familia y que claro que se preocupaban por nosotros; que en un ecosistema todos hemos de preocuparnos los unos por los otros para estar todos bien….
Un día de abril salí a tirar la basura a la calle y casi se me rompe el corazón. Habían talado todos esos árboles de raíz.
No tengo más palabras……….
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